lunes, 10 de octubre de 2011

Mayo: el saltimbanqui que sabe contemplar

La muy respetable señorita Anna Freud dijo aquello de Infancia es destino. Cuando uno observa el apacible rostro de Mayo, es inevitable pensarlo, porque a diferencia de todos los que crecimos con la promesa de ir al circo si nos portábamos bien, él creció ahí. Sí: Mayo, de mirada tranquila y respuestas breves, creció en el circo. Tal vez por eso mantiene la calma: porque nadie le prometió ver de cerca a los tigres, tampoco aquello de subirse al lomo de un inmenso elefante. Mayo, a diferencia de todos los que esperábamos los colores de la música y las carpas, tiene ese deseo bien saciado.
De toda la república mexicana, los únicos tres estados de los que no tiene memoria son Baja California Norte, Baja California Sur y Sonora. Y no los recuerda, no por falta de sorpresa, sino porque a sus ojos les ha tocado ver tanto viaje desde tan pequeño, que es difícil encontrar intactos los rincones después de los incontables parajes, gasolineras, casetas y remolques. Si de algo se puede preciar, es de conocer bien el territorio mexicano; sin embargo, no lo hace. Simplemente lo comenta porque yo lo he preguntado. Lo mismo habla del tráfico del día que de los osos rusos que le tocó cuidar una cuarentena; de sus amigos de la secundaria que del camello al que se subía con sus primos. Lo mismo menciona las tres preparatorias de las que lo corrieron que el número indefinido de tigres blancos, elefantes, camellos, llamas, osos, panteras y changos con los que ha estado en contacto. Algo debe aprender uno después de compartir el espacio de trabajo con unos compañeros así. Fue categórico con el asunto del maltrato: los animales no son castigados, sino premiados. Que levante la mano el que quiera trabajar con un león enojado.
Él es de los elegidos que a sus seis años hacía malabares sobre una pelota gigante y vendía narices de payaso. Su primera novia la tuvo a los diez: una niña acróbata cuyo cariño le costó una embarazosa petición pública de noviazgo frente a los padres de ambos. Tal vez por eso Mayo aprendió pronto que las cosas serias y los trámites oficiales no eran lo suyo. Tampoco las corbatas ni las oficinas ni los horarios establecidos. Tal vez por eso no se acuerda del número de chicas que ha tenido; sólo sonríe y dice No pues… muchas. Sí; muchas.
No habla con vehemencia del espectáculo, trabajo al que no sabe si regresará porque después de su última gira de seis meses, prefiere permanecer en un solo espacio. Necesita regresar a la música y quiere hacer una ingeniería en audio. El metal es su género por excelencia y mientras escuchamos esa música de energía desmedida en las guitarras y voces que parecen desgarrarse, Mayo conversa plácido y con los nervios en su lugar. Entonces sé que hasta los de espíritu inasible y saltimbanqui, tienen su lado sedentario y un rincón reservado para la serenidad.

6 comentarios:

  1. Me gusta mucho como escribes. Atte. Sandy Govea

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  2. Me parece que eres extraordinaria en tus relatos, es un honor conocer más de dos grandes personas en este escrito. Los admiro, un beso!
    Maribel

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  3. Sandy y Maribel:
    Gracias por su llegada, por sus lecturas y por sus comentarios.
    Les mando un abrazo fuerte.
    Con cariño:
    Lou...

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  4. Amiga, puedo resumir mi sensación al leerte en "nostalgia", un abrazo.

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  5. Y como no experimentar sensaciones o sentimientos tales como el honor del que habla Maribel o la nostalgia de la que menciona Marling, sin duda el lapiz se te da y se te da muy bien, felicidades mi querida Lulu...!!!
    Gabo.

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  6. Marling y Gabo:
    Gracias por venir a darse su vuelta. Por acá los espero con las letras que se me salen a fuerza de tanto mirar.

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