lunes, 23 de abril de 2012

Deshojada

Lo bueno es que los árboles me hablan. Me hablan y me dicen todo lo que no me dijo mi padre. Se mueven con el viento y siempre tienen algo que decir: que hace frío, que abra bien los ojos, que escuche con atención, que sea prudente, que mire a la gente desde donde estoy.
Los árboles me cantan siempre tonadas diferentes que nadie puede tararear. Se deshojan y se llenan de frutos.
Los árboles esperan. A veces a solas; a veces con las ramas en flor.
Lo árboles dan abrazos de padre y uno los debe cuidar como hijos y verlos crecer como quisiera crecer uno mismo.
De repente me doy cuenta de que los árboles son mi padre; que saben su nombre. Entonces no me queda más que el asombro y la bondad. Cierro los ojos y me doy cuenta que tal vez -tal vez- no lo hizo del todo mal.

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