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jueves, 22 de marzo de 2012

Amanecer

Conozco la tempestad. La conozco porque he terminado empapada y hecha pedazos en la mitad de la nada. Sé que ante ella lo único que le queda a uno es sobrevivir. Así abro los ojos en la madrugada y empiezo la jornada con la vida encima.
Un café. Dos cafés. Inhalar.
Me tallo los ojos para sacudir la arena que se me quedó en la última tormenta en la que luché cuerpo a cuerpo con las monstruosas obligaciones de mil cabezas.
Entonces, sucede: llegas y llenas mi cama con los cascabeles de tu sonrisa. Toda yo me convierto en un rincón: en el tuyo. Me doy cuenta de que ese es el momento en que verdaderamente ha acabado la noche y sucede el día, de que no se me han acabado las fuerzas, de que vale la pena volver a empezar.

sábado, 12 de febrero de 2011

Obituario

Instructivo sin detalles, termómetro de todas las temperaturas, manual de soledad y compañía, mitología a corto plazo, errata constante, brújula equivocada, chocolate, pretexto infalible, implosión, explosión, código de comportamientos animales, principio de lo abominable, bienvenida sin consideraciones.
Lo bueno es que perdió el sentido de tanto repetirlo. Te tuve que separar en sílabas y estudiar las posibilidades; de otra manera, tu nombre sería insoportable.

domingo, 23 de enero de 2011

De minotauros y otros laberintos

Respiro. Tengo que inhalar y exhalar una y otra vez. Me disperso. Tengo que voltear constantemente. Abro los brazos. Cierro los ojos. Me dispongo a entrar porque está más oscuro que nunca y tengo que permanecer a salvo. Supongo que estoy listo porque sonrío. No sé lo que sigue. No metí las certezas en el equipaje porque me pesan. Sólo traigo mi historia. Con eso basta y hasta sobra. Con todo eso vuelvo a entrar. No he olvidado el cordón de salvación por si necesito regresar. Uno nunca sabe.
Me llamo Teseo y voy por mi enemigo; porque donde está mi tesoro, está mi corazón.

lunes, 10 de enero de 2011

Enramada

Me está saliendo musgo de tanta humedad y cuando vienes haces de mi cuerpo un bosque. Me crecen coníferas en toda la piel, me salen flores de las manos. Hojas por todos lados. Me creces como enredaderas por todos los brazos y todas las piernas. Me multiplico; abro todos los ojos que tengo y te miro desde todos los lugares posibles. Entre la corteza de mis árboles están escritas todas las palabras que no digo. Y de día vuelvo a ser yo, transitando el mundo de un lado a otro, pero me percato de que se me quedaron nadando unos peces del último río.

domingo, 21 de noviembre de 2010

Toda yo

A todo lo largo y ancho me encuentro. En la arena están enterrados los secretos, los aguijones mortíferos, las madrigueras, los cuerpos sin sentido y los refugios clandestinos. En algún lugar, el oasis de mi sangre. Aquí, la soledad abarca, abraza, conversa. En cada grano de arena va implícita una minúscula parte de mí. El calor puede ser insoportable. No hay superficies uniformes, tampoco impulsos predecibles. Debajo de las piedras, las arañas de mi cariño esperan la mano inocente para trepar por todos lados. Mi voz silva en el viento. Mis deseos están en cada espina. El lugar no es fácil, pero me pertenece de cabo a rabo. Aquí es donde estoy, crezco y sucedo. Toda yo soy un desierto.

miércoles, 22 de septiembre de 2010

De naturaleza inaudita

Siempre me dio por buscar el mar en medio del desierto. Por amar con la fuerza de los golpes. Por aferrar los dientes para dejar las marcas lo suficientemente profundas como para no perder el camino de regreso. Siempre me aventé al vacío con la fe de un pájaro. Desmembré los cuerpos con metodología rigurosa. Exploré tierras prohibidas con la convicción del conquistador que lleva la verdad absoluta. Escarbé túneles infinitos para escapar en el momento preciso. Maté al que se me pusiera enfrente con el puño en alto.
Siempre. Sin excepción. La perfección es una cosa de todos los días. Sin opción. Sin perdón. Sin consideración. Sin descanso.
El único problema es que a donde quiera que voy huele a tristeza y a veces siento que la furia ya no me alcanza. Entonces vuelvo a abrir el código y me lo repito gritando y con sangre: Siempre. Sin excepción. La perfección es una cosa de todos los días. Sin opción. Sin perdón. Sin consideración. Sin descanso.
Las fracturas no importan. Al fin y al cabo nací desnuda, estoica e inmortal.

miércoles, 8 de septiembre de 2010

Sosiego a prueba de realidad

Abrí los ojos y supe que sobreviví. Vi que las montañas ya no estaban ahí y que tendría que volver a empezar. Está bien. Así puedo reacomodarlo todo: las horas, las rocas, la luna, los cuerpos, los verbos, la vida.
Sí, estaré ocupada pero esta vez ya no quiero que me salgan serpientes de la cabeza ni cuchillos en los pies. Seguro que si lo tomo con más calma, este monstruo que aúlla desde siempre puede empezar a tararear una canción en lo que vuelve a poner los peñascos en su lugar. Sólo es cosa de recordar la melodía a pesar de la noche, a pesar de la lluvia, a pesar de los golpes.
Que no hay mapa, que los lugares parecen inabarcables, que las corrientes parecen indomables. Está bien. Sólo es cosa de no dejar de tararear.

martes, 31 de agosto de 2010

Los nudos de la garganta

Que este río no me lleve. Que la corriente no me arrastre. Que me alcance el aire. Que no me estrelle con los ojos cerrados en una avenida. Que detengan la rotación de la tierra unos minutos. Que alguien me devuelva mi traje con súper poderes. Que las hormigas de la tristeza no se lleven los dulces de mi sonrisa. Que me alcancen las cobijas. Que la noche no llegue ni se vaya con tanta prisa. Que se quede conmigo un poquito más enredada en las cobijas.
Que suceda.
Que la vida me suceda... pero que no me pase por encima.

martes, 24 de agosto de 2010

Cerrar los ojos y mirar

Intenté pulir las esquinas, hacer bajorrelieves por imitación y construir las puertas a la medida. Traté de entrar por los recovecos de las letras de aquellos que me sacan el aliento. Hice un seguimiento de su trayectoria, y disciplinadamente, transité centímetro a centímetro; pero yo llegaba a otro lugar. Después de treinta años advertí que no cabía en un destino que no estaba hecho para mí. Entonces regresé y me metí al mío: bailé lo que me faltaba, tejí con estambre las líneas, respiré de la noche y desandé las costumbres imperdonables para caminar por las sorpresas prodigiosas de lo pequeño, de lo que escucho, de lo que intuyo, de lo que pasa todos los días frente a mis ojos.
Sonrío. Esto es para mí. Sólo yo quepo en mi destino.

sábado, 31 de julio de 2010

Éxodo

Éxodo: (Lat. exodum). Emigración en masa de un pueblo

Hay veces en las que te quiero más que de costumbre. Nunca he sido una persona equilibrada. Busco en los pliegues. En algún lugar debe haber algo de mí. No puedo desaparecer así como así. Se oye tu voz y pierdo la noción del lugar en el que me encuentro. Es cuando tengo que torcerme en busca de mí: para no perderme de vista, para no quedar emparedada entre palabras que no son mías, entre deseos que ni por asomo me pertenecen.
Huyo de tus ojos. Me aferro a lo que que tengo que no es nada: sólo las líneas que me suceden. Te tengo, pero la historia contigo es corta y yo necesito escribir más. Mucho más.

jueves, 22 de julio de 2010

Otro poquito...

Como sin aire. La cama no me deja levantar. Debe ser mi telúrico pasado. El 24 de octubre de 1980, a las 8:33 am, tembló. Cuenta la leyenda que yo estaba plácidamente acomodada en el capullo de carne que era mi madre. Fue una cesárea y yo apenas haría mi transición de un lugar a otro cuando la tierra se sacudió. Como la plancha donde estaba recostada mi señora madre no se podía mover y la lámpara del quirófano se tambaleaba peligrosamente, el doctor me sacó de un tirón sin preguntarme nada. Por supuesto, estallé en un reclamo de llanto que sólo se quedó a escuchar el obstetra; de las enfermeras no quedó una sola.
Creo que eso explica los arrebatos y la crónica gana de quedarme entre las sábanas un poco más de tiempo. Que nadie me mueva; que me despierten sin sobresaltos. Que esta mañana no tiemble, que nadie escape ni salga corriendo. Prometo tomarlo con calma, pero sólo un poquito más... Un poquito más aquí acostada. Por favor.

miércoles, 7 de julio de 2010

Con las alas puestas

Sólo sé que tengo que cerrar los ojos; que tengo que esperar. Observar bien la trayectoria para saber cómo llegarán los golpes. No enojarme. Que no debo perder el preciado tesoro de mi sonrisa que siempre me salva. Que las promesas son transitorias, nunca definitivas. Sé que puedo reinventarlo todo: los besos, los pasos, las historias, las miradas. De repente me siento enamorada de lo que sea. Como si volviera a ser inocente. Como sin ganas de estrellarme contra quien se me acerque. Como del color de los sueños. Amable, querible, estrujable, inofensiva, suave. Muy suave.