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jueves, 6 de enero de 2011

De los rincones inhabitables

Este es un jardín. Los arbustos están exquisitamente delineados. Simétrico desde el principio hasta el fin. El verde es uniforme y todas las plagas han sido controladas con las respectivas normas sanitarias. La flora está separada por especies y todas tienen un nombre vulgar y otro científico. La temperatura siempre se mantiene en los límites de lo pertinente...

Cerró el libro y huyó porque entonces no tendría un rincón para esconderse a gusto. Los monstruos mayores también tienen sus miedos y algunos, como este, se podían mudar de historia en caso de verse en riesgo de perder la peligrosidad. En un sitio así nadie lo iba a extrañar, y además, no había lugar para la sangre.

viernes, 3 de diciembre de 2010

El más grande del mundo sobre la tierra

No. Los elefantes no fueron a llamar más elefantes y nunca necesitaron cantar para contar. Tampoco fue suya la iniciativa de ponerse plumas en la cabeza o adornos en su extenso lomo. Hicieron lo necesario: pararse en dos patas, transportar a los irreverentes, actuar en películas con melcocha para niños, recibir cacahuates, convertirse en íconos de buena suerte, revelar su divinidad en algún pueblo elegido...
Basta con mirarlos a los ojos para saber que nosostros sólo somos parte del plan.

sábado, 16 de octubre de 2010

Azul, azul, azul

Las besó a todas y cada una pero ninguna parecía despertar. No mencionaban el sexo. Querían casarse y hablaban de amor. ¿Quién había planeado la dirección del inconsciente colectivo? Entonces lo más básico y elemental lo empezó a conseguir por dinero. Era más fácil entregar billetes que anillos. Los halagos eran baratos pero las promesas generaban deudas alarmantes. Eso lo sabían bien las brujas. Con ellas era fácil entenderse. Lo único malo es que eran rencorosas y casi todo se lo tomaban a mal. El tiempo y los insultos las habían hecho desconfiadas. No había escapatoria. Definitivamente la suya, era la peor parte.

sábado, 2 de octubre de 2010

El ave de todos los héroes

Escuchó con detenimiento. Puso toda la atención que le fue posible: de toda la que disponía. Algo en algún momento cobraría sentido. Silencio como el que nunca había escuchado jamás. No sabía si se trataba de la muerte, del invierno que enterraba todas las flores, de la noche que callaba a todos los mentirosos del mundo.
Cuando amaneció, todo seguía sin sentido a pesar del ruido. Se ocultó. Así es como se asomaba cada luna y se quedaba en las ramas, esperando. Fue tanta su necedad de encontrar el principio, el fin y el sentido, que los demás le empezaron a agarrar miedo, envidia, mala fe. Le culparon por todas las malas obras, por todas las deformidades de la bondad, por todas las plagas malditas. Con el tiempo le culparon por cada muerte natural, por mirar con una certeza contundente, porque ya sabía en lo que acabaría todo sin haberle dicho nada a nadie. Los ignorantes lo convirtieron en ave de mal agüero y los resignados en ícono de paciencia y sabiduría. Como sea nadie sabe lo que calla. No lo supieron los egipcios, ni los romanos, ni los griegos, ni los del viejo o el nuevo mundo, ni los arcángeles, ni los otros, ni los nuestros.
No dice nada; al resto sólo nos queda esperar.

viernes, 10 de septiembre de 2010

El reptil de las páginas

Creo que a fuerza de lidiar con los límites de la imposibilidad me están saliendo escamas. Mis ojos atraviesan el tiempo. Estoy aquí y allá. Soporto sin dolor lo inconcebible. También me pasa que han cambiado mis periodos de humedad. En mi cama, las sábanas de musgo me mantienen a temperatura ambiente. En mi sótano, la falta de luz me mantiene despierto.
No recuerdo el nombre de nadie pero conozco todos los detalles históricos de las grietas en cada piel.
Mezquino y sagrado. Lineal y rebuscado. Omnipotente y vulnerable.
Me estoy convirtiendo en no sé qué. No me reconozco, me intuyo.
Me inventaré un nombre. Me construiré un castillo. Y cuando esté a punto de caer, me echaré a volar. Incendiaré reinos enteros con el fuego de mi boca, y cuando me canse, me iré a cuidar la virginidad de una princesa. Nunca me comeré a los valientes. Para que se vayan no hace falta mucho, sólo decirles la verdad.

lunes, 24 de mayo de 2010

La vida secreta de mi iguana

Sólo le comparten su secreto a los que entendemos su escamosa belleza. Tienen tantas historias implícitas que, de todas, sólo me fue posible descubrir una. Tal vez la más importante; seguro la más reciente. De entre todas las vidas que les ha tocado recorrer, la anterior a esta es de una naturaleza trepidante.
La manera de cerrar sus ojitos con tanta apacibilidad, la quietud de su estar, el silencio permanente que calla toda su sabiduría; su sueño imperturbable y su discreta sonrisa ocultan la historia de un guerrero. Uno que en la vida anterior tuvo que conquistar tierras muy lejanas. Uno que tuvo que cruzar todos los mares y luchar cuerpo a cuerpo con pulpos gigantes. De esos que levantaban la bandera para anunciar el ataque; de los que estaban al frente desafiando al peligro con el pecho desnudo. De los osados; de los que tienen una estatua; de los que renunciaron a la tranquilidad de un solo lugar; de los que detestan las treguas. Seguro que también conoce todos los desiertos posibles y que tuvo que estar perdido cuarenta días. Seguro que también conversó de frente con el diablo. Después regresó con el aura iluminada, con la mirada impenetrable; listo para seguir venciendo a los impertinentes. Fue uno de esos que vivieron una cantidad sorprendente de años y de los que murieron en el campo de batalla. De los que tuvieron poco tiempo para regenerar las heridas. De los que quedaron por siempre en la tradición oral de un pueblo que nadie conoce. Uno de los que se tienen que convertir en leyenda a fuerza de tanta reyerta. Amante de la discordia; impulsivo de todos los días de todos los años.
Es por eso que los dioses le han dado la venia de descansar. De ahí la calma de su andar y el sosiego de su carácter. Lo único que le queda de su pasado son las ganas de escalar todo lo que le sea posible; un placer que conserva intacto. También la sangre fría, por supuesto.
Ya no es necesario levantar las lanzas ni conquistar el mundo entero. Ya lo conoce por completo.
Es por eso que cuando uno descubre su increíble historia, inevitablemente es invadido por unas indescriptibles ganas de llorar.